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TODOS SOMOS IGUALES
El tiempo transcurre y con el, pasan los años, las cosas nacen, crecen, se desarrollan, se marchitan y mueren, este es el proceso de la creación. La primavera esa estación del año maravillosa, de la que todos soñamos nos trae la alegría de las flores y del amor.

El tiempo transcurre y con el, pasan los años, las cosas nacen, crecen, se desarrollan, se marchitan y mueren, este es el proceso de la creación. La primavera esa estación del año maravillosa, de la que todos soñamos nos trae la alegría de las flores y del amor.

Con sus frondosos árboles adornando las grandes avenidas que a su vez son decoradas con monumentales fuentes luminosas, rodeadas estas de sembrados jardines repletos de diminutas materias que le dan color y aroma a la atmósfera boreal.
Con ese sol dorado que ilumina y al mismo tiempo riega con sus delicados rayos la vegetación; por otro lado este mismo amor es contagiado por los cánticos de los pájaros que revolotean contentos y alegres lo mismo que los ruiseñores saltando de un lado para el otro sin rumbo fijo, coreando un contraste encantador y sorprendente, es la estación del año la cual más se inspiran los poetas.
En el lugar más recóndito de la naturaleza, se encuentran en pleno crecimiento un pequeño jardín adornado de rosas y claveles, violetas y lirios, dando sus buenos días al rocío de la madrugada, abriendo sus pétalos a la luz solar.
Sus pequeñas boquitas de varios colores con sus verdes y brillantes hojas, nos presentan a dos matrimonios que surgen de entre ellos siempre unidos y muy delicados: Lirio se llama el marido y Violeta la mujer, Clavel es el segundo marido y Rosa su mujer.
Sienten gran afecto por aquello que les da vida y alimenta y nadie se mete con ellos, recibiendo como caricia la brisa matutina y como calor el amor de Dios bendiciéndoles.
Pero como El Dios Creador lo hizo todo por igual, ellos también perecerán como todo en la vida, disfrutan de gran armonía y felicidad: pero saben, comprenden y presienten esa nostalgia de ver que se acerca ese final de sus días porque sus hijos crecen como los demás.
Y es una cadena sin fin pero ellos dan el ejemplo a los que vienen detrás, con su delicioso y purificado perfume de amor y de paz. Así desea nuestra convivencia El Excelso Padre Celestial.
Llegó el otoño y con el todo es tristeza y soledad, los vientos arremeten a su paso, recogiendo lo que ha perecido ya. Los árboles despojados de sus hojas y desolados en esas avenidas, con sus correspondientes fuentes apagadas y presentando un escenario silencioso cuyos jardines envejecidos y marchitos, sin aromas, sin los cánticos de los ruiseñores y sin los recitados cánticos poéticos ofrecidos al amor.
Este fin terrenal que nos llena de lagrimas de algo que se amó y no se olvidará jamás, como toda estación que termina, esa es la vida creada por Dios y nada más. Todos recorremos el mismo camino sembrando y recogiendo unos mejoramos y otros en cambio nos perjudicamos, pidamos pues la ayuda para sensibilizarnos y seguir al Maestro Jesús. Pues El nos espera en nuestro retorno y con sus brazos abiertos. No le defraudemos.
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Álvaro Peiró Ibáñez
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