EL DIOS CREADOR
Creer en Dios es una cosa, amarle servirle y gozarle es otra muy distinta. ¿Se conoce bien a Dios como Padre de la Creación?. Como buen ejemplo destacaremos; cuando salimos al campo y observamos con atención como se pasean las aves revoloteando con alegría anunciando el principio de la primavera, como sonríen las amapolas y demás habitantes de la flora salvaje, al ser acariciadas por los rayos de la luz solar.

Como cantan los cisnes, deslizándose suavemente por las tranquilas aguas cristalinas de un estanque; el hombre que labra y al mismo tiempo trabaja esa bendita tierra que llamamos " Madre Naturaleza", que al desarrollar su tallo en la siembra, de los surcos, surgen los frutos deseados, es la labor diaria recogida por el esfuerzo del labrador, todo eso, ¡ como alcanza su plenitud !, ¿no existe algo especial que le da vida?.
Pues ese algo a lo que no comprendemos, es a lo que solemos llamar Dios. El agua que es recogida de los grandes océanos, por un conjunto de fuerzas energéticas vaporosas y que nos llueve del cielo purificada tan milagrosamente, llenando las corrientes pantanosas, que a su vez consumimos y alimentamos la tierra, también aquí se encuentra la mano de Dios.
Ese cielo que contemplamos durante la noche, mostrándonos en la lejanía sus diminutos puntos luminosos a lo que solemos llamar El Universo, también es obra de la mano del Creador.
Ese Dios desconocido que no lo encontramos ni en los templos religiosos, por estar siempre nuestra mente muy alejada de la espiritualidad. Inducidos por ese campo fluídico material que nos envuelve, olvidándonos de que existe una luz que nos protege. Penetrando por desgracia y bajando los peldaños de las oscuras calles de la vanidad.
Ese Dios, el cual nos es desconocido por todos, es mucho más grande de lo que nosotros nos imaginamos, pero en nuestro corto entendimiento, desconocemos la mayor parte de sus cualidades. Su Gran poder de Creación, y su intenso amor, ¡Verdaderamente que poco sabemos de El!. Somos tan diminutos, que valemos menos que un grano de arena en el desierto.
Lo llevamos dentro de nuestros corazones y no lo reconocemos, contemplemos mejor ese Universo tan perfecto y tan armonioso, pues puede que en el encontremos los secretos de nuestra vida. Su variedad de mundos habitados, con humanidades diferentes de razas pensamientos y costumbres, iluminando a estos mundos, millones de soles, un espacio infinito sin principio ni fin.
¡Cuanta energía repartida!. Porque todo cuanto nos rodea es energía, y ese Dios del cual hablamos es la mayor de todas. ¡Qué luz mas poderosa!, hasta su intenso amor es luz esa luz que penetra en nuestros corazones y nos hace llorar de emoción. Ese Dios Universal que nos lo da todo a cambio de nada.
Ese es el Dios que debemos amar siempre en donde quiera que nos encontremos, para servirle, adorarle y cumplir su Santa Voluntad, porque ese es su deseo, y por que es nuestro Padre Eterno, el verdadero Dios el de toda la humanidad, El que lo perdona todo, El que nos ayuda en todo y nos protege con sus ángeles, nuestros hermanos protectores, para que sigamos el mejor camino, ese es el Dios Omnipotente, El Único, llamado también nuestro Padre Celestial.
Alvaro Peiró Ibáñez
.