BUSCANDO A JESUS

Recorriendo cielos y tierras, montes y cañadas, valles engalanados por la luz solar, extensiones de bosques armonizando el sonido de la naturaleza, grandes desiertos escuchando el rugir de sus vientos: En el horizonte, y en el descanso de una cálida noche de verano a la luz de la luna llena, recibiendo el encanto de su belleza; meditamos en profundidad, y nos hacemos esta pregunta. ¿Donde estará Jesús?.

La respuesta nos la puede dar la voz del entendimiento: puede estar en todas partes.- Bendiciendo el aire que respiramos; el agua que fluye de los manantiales; los alimentos que recibimos; nuestro caminar de cada día; los trabajos que realizamos en todas partes; nuestro descanso laboral y también, ayudando a los necesitados o salvando vidas, es "un Espíritu sin descanso", "es el amor repartido", "es el corazón de todos”.



¿Y donde podríamos encontrar?. - Buscando en el firmamento; es una estrella con luz propia, brillando en las Alturas y deslumbrando a todos. Sus Celestiales rayos, acarician la corteza terrestre desde la lejanía, penetrando por el cristal trasparente en su interior; recibiendo ese cántico al Padre Dios pidiéndole por la paz del mundo, y al mismo tiempo soportando las injurias de los fariseos, de aquellos que no creyeron en El, o de aquellos que usurparon sus palabras, traduciéndolas a su modo, cambiando el perdón por la venganza, el no mataras por mataras con justicia, y la libertad por la esclavitud. ­ ¡Pobre Jesús, cuanto lo hicieron sufrir!.

Entonces Jesús. ­ ¡Fue aquel que crucificaron!. El mismo.!­.. Y quien después perdonó a sus verdugos!. Sí - El es. Hoy es el gobernador del mundo, El Hermano Mayor, El protector de toda la humanidad y ­¡El Maestro de Maestros!.
Cuando nos aclamamos a El, El nos escucha, El nos manda sus bendiciones su luz y su amor; pero desgraciadamente, nosotros somos su pesadilla y su preocupación, así nos mostramos ante El, así es nuestro comportamiento y así es como El nos ve.

¿Podríamos verle?. ¡­Cómo!. ¡Cuando!. ¡­De que forma!. ¡Con qué medios contamos!. ­¡Con palabras de amor!. ­¡Con promesas incumplidas!. ¿Que meritos hemos hecho para merecerle?. ­¡Creer en El simplemente!. ¡Orar a sus pies para que nos escuche!. ¡Pues nó!. No es suficiente: porque no estamos hablando de un importante Ministro de la Jerarquía Eclesiástica, ni de un importante Papado del Vaticano. ¡­Nó!. Estamos hablando de alguien mucho mas Alto; estamos hablando de alguien mucho mas grande y mucho mas elevado, es la Divinidad por naturaleza.

Estamos hablando del Soberano y Señor de los Cielos, predicador del amor y la esperanza, nos estamos refiriendo; ni mas ni menos que. ¡Al Hijo del Hombre!. Al inconfundible, al Angelical Maestro Jesús. "El nos entregó su corazón", y nosotros lo perdimos.

Ahora como recompensa, nuestra labor campestre será el poder corresponderle, sembrando la caridad y el amor, para recoger después la semilla, por tal motivo. ¡­No lo busques en lugar alguno!. Porque El está entre nosotros, y en nuestros corazones, ¡No lo hagamos sufrir!. Y colaboremos ayudando a nuestros hermanos.. Pues por ese camino lo encontraremos también a El.
¡Bendito seas Jesús!
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Alvaro Peiró Ibáñez
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A LUZ DE LOS ÁNGELES

Era la nochebuena, las tiendas del pueblo se hallaban repletas de gente, todos compraban para celebrar el feliz acontecimiento, el murmullo de la gente cantando y bailando llegaba hasta las afueras del pueblo, donde había una pequeña casita toda blanca de la nieve caída.



El valle cubierto de blanco y en el silencio de la noche, una alma alejada de la vida humana, esperaba su hora sin el consuelo de nadie, este era el viejo Bernabé hombre muy anciano y muy sufrido, que descansaba en medio del valle, en una pequeña casita que tenia para él solo.

Siempre deseo vivir en la soledad, pero como tenia un corazón de oro, procuraba remediar a los que podía y muchas veces decía, que el hombre era muy ingrato y sin sentimientos pues tan solo lo querían para su provecho: Pero un día llegó lo inesperado para él, su paso de los mortales a un mundo mejor de paz y de luz.

Ocurrió en esa nochebuena cuando todos disfrutaban bailando y riendo, celebrando el nacimiento del hijo de Dios, el alma del pobre viejo marchó en busca de un descanso y más amor.

A partir de aquella noche un resplandor de luz brillaba permanentemente en el interior de la casa, era como una espesa niebla blanca que la envolvía era como una señal del cielo.

Las ventanas permanecían cerradas y todo el viandante que por aquellos lugares pasaba le llamaba la atención observar aquel extraño resplandor, dando parte de lo que allí ocurría.

Las autoridades del pueblo, se desplazaron al lugar de los hechos a examinar la casa, grande fue el asombro cuando se encontraron al viejo tendido en la cama como si durmiera.

Siendo que hacia unas horas que había fallecido, el pueblo silenció sus cánticos y corrió a presenciar lo sucedido, todos sorprendidos lamentaron su perdida.

Encima de la mesa encontraron una carta en la que decía que todo cuanto poseía fuera entregado a la gente del campo que era la mas necesitada, el dinero lo encontraron en un pequeño cofre.

Las flores se marchitan, pero a veces suelen dejar grandes semillas repartidas para que otros las recojan, así lo hizo el bueno de Bernabé.
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Álvaro Peiró Ibáñez